La 46Works Ducati M900 es un caferacer creado a partir de una Monster 900. Una moto que se inspira en los modelos deportivos de la marca boloñesa de principio de los años setenta.

Radial y soplete
Para la creación de este caferacer, el afamado constructor japonés Shiro Nakajima tomo como moto donante una Ducati Monster 900. Una moto relativamente fácil de encontrar en el mercado de segunda mano, pero que presenta algunas dificultades a la hora de hacer un caferacer de estética setentera.

Una de ellas es sin duda su descarado chasis “trellis”. Muy presente a ambos lados y con una inclinación que impide obtener esa imagen plana y alargada de una deportiva de los setenta. Por ello, el Sr. Nakajima aprovecho la libertad creativa que le había dado el propietario de la moto, y reconstruyó toda la parte delantera del chasis, adelantando el tubo de dirección unos 10 mm y cambiando el lanzamiento de la horquilla. Aumentando así la distancia entre ejes. Con ello, se conseguía el efecto estético deseado, se reducía la rigidez lateral y se obtenía el tacto en marcha que se buscaba.

Vivan los setenta
A muchos “ducatisti” os habrá chirriado esto de modificar el venerado chasis multitubular de las primeras superbikes (851) de la marca boloñesa, pero hay que ponerse en contexto. Pensad que las primeras SuperSport 750 y 900 de los setenta no montaban este tipo de cuadro y esa es la imagen buscada. Además, en cuestión de tacto cada uno tiene su opinión y la del Sr. Nakajima viene de su afición por las carreras de motos clásicas que se realizan en su país, donde es un asiduo.

Volviendo a la 46Works Ducati M900, en consonancia con lo visto hasta ahora, se cambiaron las ruedas y suspensiones. Las primeras pasaron de las 17 pulgadas originales de sus llantas de aleación, a las 18 pulgadas de sus llantas de radios. Unas ruedas que fueron construidas a partir de unos bujes de Yamaha y arcos de acero. Que montan neumáticos Dunlop RoadSmart IV de medidas: 110/80 y 150/70. En cuanto a las suspensiones, se optó por montar una réplica de una horquilla Ceriani, debidamente adaptada al gusto del constructor; y un amortiguador Öhlins, que actúa sobre el basculante original. El cual precisó de algún retoque para albergar las nuevas ruedas.

Pero no todo va a ser nostalgia en la parte ciclo de esta deportiva. También tenemos elementos muy actuales, como las bombas radiales Brembo Racing RCS, para freno y embrague, que ofrecen dos opciones de recorrido (16 y 18 mm). A las que acompañan unos latiguillos Hell; y las pinzas de freno originales, que han sido anodizadas en negro, mecanizado el logotipo de Brembo que lucen y a las que se les ha proporcionado unos soportes artesanales.

Desmodrómico de dos válvulas
Respecto al motor, se desmontó por completo, se revisó y limpió. Siendo remplazados los consumibles que fue preciso. Tras lo cual, se aplicó un tratamiento de chorro de arena, dando un acabado pulido a algunas partes y otras de pintura negra con pistola.

Entre las “chuches” que se instalaron en este clásico bicilíndrico en L, de 900 cc, con distribución desmodrómica y dos válvulas por cilindro, tenemos una cubierta artesanal para las correas de distribución, hecha en aluminio; unos carburadores Keihin FCR, que precisaron modificar los colectores de admisión; un radiador de aceite de Setrab; y un sistema de escape 2 en 1 que merece mención aparte.

Una razón de ello son sus colectores, que están hechos de manera artesanal en titanio, con un espectacular recorrido que proporciona una mayor longitud respecto a los de serie y que permite la sustitución del aceite y su filtro sin tener que desmontarlos. Una pieza muy especial que es rematada por un silenciador también de titanio, del catálogo de 46works, fijado con un soporte de aluminio hecho a mano, que además de ligereza emite un sonido excelente.

Aluminio y martillo
Pero si hay algo que distingue a simple vista a la 46Works Ducati M900 es su carrocería. Un evocador conjunto de cuatro elementos, todos creados por el propio Sr. Nakajima en aluminio, donde tenemos un largo y plano depósito de gasolina, de líneas sobrias y tranquilas: un elegante colín monoplaza, que monta un asiento tapizado por Razzle Dazzle, con un patrón de líneas longitudinales; y los dos guardabarros, ambos fabricados a base de martillo y mucho cariño. Todo ello, solo cubierto por una fina capa de laca trasparente y con la única decoración de los logotipos laterales. Que fueron encargados a Drops Design Works y que se inspiran en los que llevaba la Ducati 750S de 1972.

Delicadeza oriental
Para acabar, como suelo hacer, me voy a fijar en esos detalles que me han gustado especialmente y que siempre aumentan el valor de un proyecto de este tipo. Uno de ellos es el conjunto que hacen la tija superior, obra del propio fabricante; y la instrumentación Chrono Classic2 de Motogadget. También me ha gustado la apuesta por instalar un discreto faro Bates, de sección circular con soportes artesanales; y un eficiente y deportivo acelerador Tomaselli. Y, por último, una pequeña pieza de su catálogo… el interruptor del semi-manillar de la izquierda. Sin lugar a duda, una muestra más, junto al resto de la moto de la delicadez de Shiro Nakajima.

